20110905

todavía con vida

No puedo decir que he vuelto de vacaciones, pues no me he ido a ninguna parte. Simplemente he descansado de mirar páginas de ordenador, de hacer entradas... Reconozco que, tal vez, es el peor verano de mi vida. Continúo sin trabajo y estoy sin fuerzas y asqueada contemplando, sufriendo la actualidad insoportable de España (recortes, paro, reformas exprés de 'La Prostitución'...) y del 'negocio' de Francia, EE UU, etc., para sacar tajada de la revolución en Libia (petróleo, empresas para la reconstrucción: todo lo que rodea el negocio de la destrucción-construcción, vamos): el ABC de todas las guerras. ¿Alguien se acuerda de Irak? ¿Qué diablos pasa en Afganistán? Por cierto, el otro día vi Rambo III: una joya... Empiezo a claudicar. Me hizo 'sonreír' una cosa: EE UU combatiendo al lado de los muyaidín contra la extinta URSS. Cuánto ha llovido. Apaga y vámonos. 
No tiene nada sentido. Luego los talibanes se hicieron 'los grandes amigos' de los norteamericanos... Más. La enésima y horrenda hambruna de Etiopía. Eso sí que es para volverse loco. Sé que hay que ser positiva, que las flores de Bach lo 'curan todo'... El cuerpo no me da de momento para más.

20110718



Nunca me ha gustado el verano. No sé. Supongo que vivir en una ciudad grande influye. El calor sofocante, la desidia de la gente, las aglomeraciones, las hordas de turistas con sus sandalias ruidosas, el helado en la boca, ese moreno achicharrado de sus rostros y esos cuerpos deambulando y contoneándose... Lo peor son los empujones con el calor, los viajes en metro sin aire acondicionado... Una verdadera tortura.

La playa aún es más odiosa, sobre todo cuando está abarrotada de gente. Buf. Andar por la arena esquivando toallas con personas, ese horrendo olor a crema solar, las pelotas de los niños y sus gritos, esa cara de "me lo estoy pasando genial" que ponen algun@s y, lo peor, la arena que se te pega en los pies humedos. ¡No hay manera de quitársela!

Y claro, luego está el sudor, la gente apalancada en las hamacas o los chiringuitos, bebiendo y "disfrutando" de las vacaciones, l@s niñ@s chillando -qué horror, tengo una fobia tremenda hacia esos gritos enloquecidos de los peques-, el olor a fritanga que emana de los restaurantes que acechan por todas partes... Creo que soy cada vez más rara, quizá la edad tenga algo que ver. Seguro que much@s pensarán: "Pones el acento sólo en lo negativo". Es como veo las cosas. Hay electrochoques, me imagino, pero creo que no funcionan demasiado bien para verlo todo bonito y color de rosa. Igual me tomo un éxtasis de vez en cuando... vaya usted a saber... ¡A lo mejor me vuelvo totalmente loca ya! Seguro que hay caletas maravillosas con poca gente, en Menorca, en Ibiza... No las conozco... Pero el calor no lo quita nadie.

Hablando en serio, a mí la playa me gusta sin gente. Poder relajarme mirando la inmensidad del mar y oyendo el sonido de las olas que van a dar a la orilla o que rompen en las rocas... Qué tópico, pero qué lindo... Eso sí me gusta.  

Aunque, como diría la canción de Alaska, "A quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga, yo sigo así y así seguiré, nunca cambiaré...".

20110706

A la espera

Hace tiempo que no leo. Que no puedo leer. Tengo la cabeza demasiado entumecida y atolondrada para hacerlo. Está demasiado acostumbrada a mirar y a leer en pantalla. Los ojos, cansados, prefieren mirar por la ventana cuando dejan de estar ante el ordenador o la tele, y mi cuerpo desea salir a la calle o darse una ducha, quien sabe. 

Los libros te han de apetecer, deben seducirte. Son como el amor, no hay que buscarlos (o eso dicen), sino que ya se mostrarán, se plantarán ante mí para que los acaricie, los mime y los quiera. Cuando se está despierto y dispuesto, los libros pueden ser unos grandes seductores, con su cubierta más o menos atrayente, sus páginas, el encanto de su tacto, pasar las páginas, el olor de la tinta, sus líneas escritas. Mmm. Me los comería... cuando tengo hambre. Estoy hablando -se entiende- de libros de "carne y hueso", "con portada y hojas" mejor dicho, no de tablets... Buf, qué obsesión la digital. El mercado, el futuro... ¡Me importa un comino!

Si ahora los libros no me seducen demasiado, la música, sin embargo, siempre está presente en mi vida. Quizá no requiera tanto esfuerzo escuchar una canción como leer un libro: es más abstracta, menos concreta, más sugerente. Hablo de música diríamos "ligera", ¡no estoy hablando aquí de Ligeti, John Cage o Stockhausen! 

En fin, cada día que pasa me siento más debilitada para la actividad intelectual, para la lectura, en concreto. Los libros, pues, ya llegarán, como el amor (o eso espero).

20110705

Radicalmente sol@s

Conforme van pasando los años, un@ se va dando cuenta de que la realidad -las cosas que se perciben e interpretan- "no puede ser compartida", pues cada persona vive y capta lo real de manera distinta: lo que yo veo forma parte de mi manera singular e intransferible de ver; capto e interiorizo lo que me rodea "a mi manera" -como la canción de Sinatra pero menos interesante- y nadie más lo puede hacer igual que yo: alguna afinidad, tal vez pueda haber, pero a nivel muy superficial. Much@s considerarán que esto hace interesante e irrepetible al individuo. Pienso, sinceramente, que más bien nos hace animales solitarios aun en compañía: así lo veo yo. No me estoy refiriendo a la percepción de realidades concretas cuando hablo de la imposibilidad de escapar del caparazón de mi yo. Existe, por ejemplo, consenso sobre qué es y cómo es un árbol, pese a las diferencias de percepción de los distintos individuos: hay unas caracteristicas "que hacen que tal cosa sea un árbol" [por cierto, "árbol" es una palabra consensuada, la asociación -arbitraria- de un significante con un significado a fin de facilitar que tod@s nos podamos entender]. Pero esto no es aplicable a la mayor parte de ámbitos de la vida, donde todo es pura interpretación y no hay ninguna certeza objetiva fuera de la cabeza, pese a que las cosas existan al margen de un@: saber cómo son las cosas fuera de mi percepción es, por tanto, imposible. Esta interpretación personal e intransferible, además, está marcada por una determinada configuración cerebral (bioquímica), la cual, a pesar de los ligeros cambios, siempre es la misma [el tiempo y el saco de experiencias, percepciones, etc., que un@ va acumulando, van conformando y moldeando nuestro particular modo de aprehender la realidad].

En otras palabras: que yo considere la existencia (la vida) como una tragedia es "mi problema", y casi no depende de mí, más bien es producto de cómo percibe mi cabeza (perdón por el poco rigor, pero esta escritura es un poco espontánea) y el margen de maniobra está depositado y determinado por mecanismos situados en la zona del -diríamos- "inconsciente": no controlable pero un actor fantasma en todos los actos y las cosas de la vida. Bien, considero que, por muchas meditaciones, psicólogos, etc., a los que un@ acuda, esta percepción trágica de la vida continuará siendo la misma siempre.

Pienso a veces que el margen de maniobra en la vida es mínimo desde que caímos al mundo al nacer. Las cartas parecen estar echadas: al principio las posibilidades pueden parecer infinitas: la vida (los años, mejor) se encarga de demostrarnos lo contrario.

No creo, por ejemplo, en la psicología cognitiva-conductual (la oficial ahora, si no voy despistada) ni en otras pócimas para "reentrenar", "resetear" o formatear nuestro disco duro. Si el hardware de nuestra cabeza está configurado de una manera o dañado, pasa como en un ordenador: en ocasiones no funciona, se cuelga, comete errores absurdos... Está todo programado, por mucho software, antivirus, antispam y otros parches que introduzcamos al sistema, siempre repite los mismos errores. Resulta imposible escapar de esto. Siempre saldrá alguien que dirá: "Herman@, hay que aceptarse, quererse y amarse a un@ mism@", "En ti está la salvación"... Ya te digo... el Manual de los Jóvenes Castores me aporta más cosas.

Depende del grado de sufrimiento que le produzcan los diferentes avatares de la existencia que un@ pueda aceptarse y continuar.

20110629

Bitch

Tomarse un café

Desde la distancia que otorga un blog parece que el contacto con los demás -es decir, la otredad- es menos comprometido, menos "real". Para mí, la realidad más o menos consiste en cosas o experiencias concretas: contemplar un paisaje o una calle estrecha y pestilente; notar la mirada furtiva y penetrante de un desconocido con los ojos negros y ardientes; extasiarse -¡qué exagerada!- con la amalgama de extraños olores de una calle en un casco antiguo de una ciudad; oír a lo lejos una melodía amada en una playa tranquila y silenciosa; o advertir un llanto desconsolado por la calle... No me voy a poner demasiado trascendente ni "poética". Buf. He hecho una selección de situaciones, sí, pero son circunstancias vividas, reales para mí. Pues bien, esta sensación de realidad, lo concreto, desaparece cuando entro y leo un post en otro blog, por ejemplo. No sé qué tipo de realidad es esa, o si puede llamarse así. La única realidad para mí es la concreta, no la de "unas letras escritas" en una pantalla, pues no sé ni si la persona que las escribe es la que aparece en la foto, es hombre o mujer, quién es... Ojo, leer un libro y pasar sus páginas es otra cosa: hay una experiencia material y de los sentidos: es real (me empiezan a entrar dudas...).

A mucha gente, y eso me asusta, no le importa explicar cosas muy personales a otr@s que no sabe ni quienes son. Quizá no saber quién va a leernos nos sumerge en un espacio de libertad desconocido, de sinceridad más profunda que no puede experimentarse en la vida concreta: la que yo creía que era "real". No nos importa nada, ni siquiera que nos lean. Hay una urgencia, una liberación, un vaciado. "Como si de una confesión antes de morir" se tratara, algunos se lanzan a profundizar en sus más oscuros recovecos y los plasman por escrito, o directamente se inventan todo lo que escriben. El efecto es el mismo. Todo da igual. Inventado o experimentado, a quién le importa...

¿Por qué se escribe a veces en un blog lo que acaso nunca se explicaría a una amiga o amigo de toda la vida en la vida concreta y real? ¿Existe miedo a lo real? ¿A la mirada? ¿Al tacto? No me vale lo de la distancia, las prisas... Una respuesta sincera de un amigo que nos quiera nos puede emocionar o doler en la vida real y concreta; en cambio, que alguien nos diga algo en un comentario de un blog, ¿qué efecto puede tener sobre nosotr@s? Si apagamos el cacharro, borramos el comentario y ya no existe. Es, diríamos, más fácil y aséptica la "relación" en la red (si es que hay relación, más bien presunta comunicación-incomunicación): la alegría, el desprecio, la indiferencia que nos pueda ocasionar un comentario, o lo que podamos causar con uno que pongamos en otro blog, todo ello puede ser borrado ipso facto y no existe de inmediato. Es más higiénico y seguro que un bofetón, por ejemplo. ¿Pero qué pasa aquí? ¿Qué tipo de mundo se abre ante nosotr@s a través de los blogs, los foros, los chats, por no hablar de las redes sociales? ¿A nadie le asusta esta especie de casi-realidad en la red? ¿Pero si no hay contacto, ni mirada, ni pellizco, ni... mmm, caricia? Y que nadie me venga con lo de las webcam por qué por ahí no paso.

A menudo pienso que much@s de nosotr@s tenemos un anhelo de vivir, de expandirnos, de comunicarnos, que no podemos materializar, por lo que sea, en la vida real (con miradas, olores, aglomeraciones...). Es como si llevaramos una doble o triple vida paralela en la red porque "la vida real" nos resulta frustrante, insuficiente. El resultado es que estamos perdidos en este marasmo de identidades y que cada vez todo es más artificial, más irreal...  y nadie nota nada. ¿Pero quien creó el instrumento pensaba en alejarnos así de lo real concreto, o se trata de una deriva del sistema?

No es la primera, ni será la última entrada que hago al respecto: este asunto me da que pensar siempre que estoy -mentira, algunas veces- ante la pantalla.

En fin, ahora me voy a tomar un café, "real", no un>